En un abrir y cerrar los ojos

 Aquí comienza la historia de mis pequeños relatos, esos que en buenas manos las podrán disfrutar. 

No pretendo más que acumular recuerdos de experiencias vividas o momentos que por una u otra razón merecen ser recopilados.

Podría empezar con una historia de tiempo atrás, de aquellas que aún cuando vuelven a tu mente te hacen arrojar aún algún suspiro. Pero he decidido empezar por la experiencia hollywoodiense vivida esta semana. 

Todo empieza días atrás, tras un año de estar soltero no sin sus periodos crudos y de sombras, pero sin que abrumen demasiado la mente, sabes que hay que centrarte en ti, en “resanar” digo resanar porque ya a una edad las heridas del pasado se acumulan después de su debida recuperación. Volviendo al tema que nos atañe, en este nuevo periodo de soltería con algo más de sabiduría me centro en mi bienestar físico y eso implica hacer deporte, eso si esta vez el gimnasio no es una opción. Decido apostar por el yoga, para todos es sabido que en una sala de yoguis el género masculino brilla por su ausencia. Me repito una y otra vez a mí mismo que la asistencia a las clases no debe estar unida a la búsqueda de oportunidades de encuentros con el género femenino. Eso si tampoco soy ciego y aquí debo decir que las bondades de una práctica de yoga constante para la tonificación del cuerpo dan sus frutos con excelentes resultados. 

En mi caso y con la energía un poco baja además de la falta de habilidad en el arte de la conquista omití todo intento en esa línea, con el paso de los meses puedo decir que quizá el crecimiento interior y la propia cura interior me devolvieron esa chispa, para abrir una puerta que un año atrás quedaba cerrada.

Sin darme cuenta y sin esfuerzos por mi parte empecé ese contacto con esas chicas que parecían lejanas meses atrás, ojo contacto hecho simplemente por la cotidianidad de la asistencia al centro. De ahí han surgido algunas amistades que han llegado en un buen momento. Pero cómo en toda gran historia llegó el día en que unos bonitos ojos color miel me regalaron una sonrisa, que me invitaron a esa primera charla sobre esa postura yogui que nos hacía sentir toda la tensión de músculo implicado en la acción y que a decir verdad te hacen sentir que no vales para esto. Tras ese gesto mutuo de decirnos “vaya paliza nos está dando la monitora” seguimos sin más. Como he dicho antes, la frecuencia de asistencia al centro ha sido la clave en mi progreso y aprendizaje, pero ya había otro buen motivo para ir, buscar entre las asistentes esos bonitos ojos color miel, ahora es otra parte más de la práctica de yoga. 

Esas micro charlas dan por fin la oportunidad de hablar mientras salimos de nuestra última clase. Todo se inicia al sentir que aunque está lista para marchar espera sin saber porqué unos segundos más a que me ponga esa bamba que se queda enganchada en el talón y que parece que quiera jugártela para salir a su lado. Por fin y algo apurado consigo salir a tiempo y que su espera no resulte demasiado pronto evidente, ella sigue con la conversación que previamente había iniciado yo tras acabar la clase, y es que llevaba mucho sin verla. Así que buscando iniciar la conversa al acabar la clase le pregunté por su ausencia. Pero bueno siendo verano lo más lógico era pensar que estaría disfrutando de unas buenas vacaciones en algún lugar idílico digno de publicación en Instagram, pero su respuesta fue que no. Así que tras salir del centro por fin estaba frente a ella y me explicó el motivo de no haber venido durante el resto de la semana.

-Han sido días muy locos y no he podido venir, bueno de hecho me dejarás de ver en breve. 

Aquí es donde las expectativas de lo que podría ser se esfumaron en menos de lo que tardo en dar un pestañeo. 

-Me marcho a vivir a EEUU, esta semana serán mis ultimas clases. 

Como guion de película de comedia romántica, aquí faltaría un desenlace en el que corro al aeropuerto y subo al avión y le digo que no marche o que marcho a su lado, pero en la vida real esta historia aquí acaba sabiendo que esa chispa de pudo ser y fue duró poco, pero ha dado suficiente cómo para ser contada. Aún quedan sus dos últimas clases, pero dejaré para tu imaginación lo que puedan pasar en ellas.


AF. Machado

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